A palabras que se dicen de otro modo y esconden su esencia:
viajero suena casi a reincidente y “viajante”, a un tipo cansado…
Me gusta decir “viajador”. Que suena a amador y a un verbo,
que es lo más importante que pasa cuando alguien viaja.
viajero suena casi a reincidente y “viajante”, a un tipo cansado…
Me gusta decir “viajador”. Que suena a amador y a un verbo,
que es lo más importante que pasa cuando alguien viaja.
A los silencios y a los tiempos de no hacer.
Al placer, tan parecido a la risa.
A la falta de prisa, en estos tiempos. Para lo que sea.
El amor a la luz,
al azul, que es al mar,
a la mar
al amar
A la tarde de sol,
al camino,
las flores.
A las ganas.
A las ganas.
A la fotografía.
A la poesía. (Una amiga transcribió una poesía que leí. Decía: “es cierto, no elegí venir y tampoco
quiero irme; pero mientras estoy aquí tomaré ciertas decisiones contingentes al
hecho de estar aquí”. Lo leí y pensé: bien a quien le guste; bien a quien no. El mundo está
lleno de búsqueda de aliados, fortalezas y un pensamiento totalitario y
tranquilizador. Yo quiero la paz que me da la debilidad de un pensamiento propio,
único, unicista e inquietante).
A despertar con la mano de Juan en el pelo y el sol dentro de casa.
A dormir para olvidar todo, para dejarse ir al mar profundo y nadar.
A las postales que se van de donde son para ser del lugar adonde llegan
El amor que enseñamos,
del que aprendemos
el que nos falta y nos sobra y no tiene límites tan claros
el que nos falta y nos sobra y no tiene límites tan claros
el amor que contamos para seguir ahí un rato
del que no podríamos, no sabríamos cómo, hablar porque las palabras son
otra cosa.
A las películas que vimos en el cine
A la mutua aceptación de la desinteligencia.
Al tacto de todo lo infinito que cabe en una mano.
A la música. Definitivamente.

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