Sobre el escritorio, dentro de una de las tantas cajas que hay en el
lugar y bajo techo, se mojan los libros de Vicente Krause. Es Juli la que dice, esta mañana de 03 de mayo de 2017, depositando
el mate a un costado…: “Ché… Esto no debería estar acá, ¿no?” Y no. No debería
estar bajo techo, mojado. Ni el techo debiera ser algo tan poco seguro. Sin
embargo, nadie se asombra demasiado ni de que el techo no sea del todo un techo
ni de que el hecho de la gotera haya ocurrido, cuando estamos hablando de un lugar que es de todos. Hacemos una operación de salvataje porque la mojadura tiene poca
envergadura y poco tiempo de llovida; yo abro los cuatro primeros libros
mojados, con la tapa hecha un volado y mientras separo todas sus páginas y las
soplo para que no se sequen pegoteadas y luego separarlas sea un problema y una destrucción
mayor y, entre los intersticios en que tomo aire, ironizo un poco: “Bueno… estos cuatro son otra versión... un gesto orgánico sobre la arquitectura moderna… Tampoco está tan mal”(1).
Ella levanta las cejas y entre las dos acomodamos los libros. “Llevatelos para
allá”, me dice.
Entonces paso la caja completa al escritorio de mi lado, donde ninguna fisura o mancha en el cielo raso augure nuevas catástrofes y donde ahora trabajo feliz de estar acompañada por un libro sobre la obra del arquitecto platense Vicente Krause.
Entonces paso la caja completa al escritorio de mi lado, donde ninguna fisura o mancha en el cielo raso augure nuevas catástrofes y donde ahora trabajo feliz de estar acompañada por un libro sobre la obra del arquitecto platense Vicente Krause.
Tuve la suerte de conocerlo en persona luego de haber visto un documental
en el que me enamoró su pedagogía; un pensamiento práctico y creativo; un decir que lejos de tener respuesta abría nuevas preguntas. Cubría el ancho de un aula
taller de primer año de la Facultad de Arquitectura de La Plata con un papel
inmenso y obviando las pizarras preestablecidas les preguntaba a los alumnos de
primer año de la carrera si sobre ese gigante lienzo apaisado alguno se
animaba a definir cómo sería la arquitectura del mañana.
Huelga decir que nadie hablaba aunque más de uno lo mirara con la boca
abierta, mientras él empezaba por el principio: el reconocimiento de la
realidad del espacio plástico como espacio limitado, donde no todo es posible porque los límites están
y son tiranos… pero ese es el único espacio -la realidad y el presente- en que es posible definir el mundo, tomando los
límites también como elementos que uno tiene en la mano para trabajar…
El temor a decir cualquier cosa y a la página en blanco iba
desapareciendo a medida que el gigante blanco empezaba a llenarse de dibujos en
perspectiva; de edificios y personas, trazos improvisados en el momento. Pero entonces, Vicente se daba vuelta para confirmarles que no
era posible definir la arquitectura del futuro; porque dependía de dos cosas:
del hoy, como forma asible del futuro y del punto de vista.
“El futuro es hoy porque es el único lugar donde podés empezar a
trabajar. Y eso supone interpretar la realidad y la interacción de esta con uno
mismo. Para comprender la realidad no tenés que hacer esfuerzo de ningún tipo.
Te basta con leerla como solamente vos la podés leer” y la potencia de su
voz se iba amplificando: “y hacer de eso una interpretación… Configurar una
propuesta en relación con ese que sos vos en profundidad... lo cual supone, antes
que ninguna otra cosa, conocerte. Saber quién sos”.
Años después de haber visto aquel documental; una tarde de lluvia de
fines de enero de 2010, con un piloto negro y la pregunta repicando entonces -tanto
como ahora- en mi cabeza, toqué el timbre en su casa de calle 53. Le conté que
había visto el documental; que me había perturbado su pregunta y que, entonces,
yo quería que en el incómodo espacio de una cartulina me dibujara el mapa de La
Plata, tal como él veía la ciudad… para un libro de artistas platenses que yo
entonces empezaba a compilar y a editar.
Me encontré varias veces con él y no con el mapa; que prometía hacer en
algún momento… cuando tuviera un rato libre, lo cual era un poco una mentira
porque jamás tenía un rato libre y todos sus ratos eran libres. Cuando no
pintaba escribía; cuando no escribía proyectaba; cuando no proyectaba enseñaba
o enseñaba sin buscarlo en una charla de café en la que no faltaban a su lado
dos ovejeros alemanes, un habano o un whisky, mientras en el tocadiscos sonaba un
disco clásico que se había convertido en nuevo o una banda como Tribalistas,
por ejemplo, y él hacía como si conocer esa banda fuera un hecho de lo más
normal e intrascendente en un hombre de más de ochenta años… Pero Vicente no
tenía edad. Tenía la sabiduría de todos los tiempos, la risa pícara de un joven
y la curiosidad de un niño.
- - Me encanta esa idea: la arquitectura… (y me lo
he apropiado a la escritura) como una expresión de quién uno es y cómo ve- le
dije en una de las primeras charlas…
-
Ah… Pero es que yo no creo que uno pueda saber
quién es, ¿eh? O quiero decir: eso no importa tanto… Porque finalmente somos lo
que digan los demás que somos, mucho más que lo que nosotros pensamos que somos…
Yo había llegado allí por una idea de Krause que Krause ya no tenía. O
que había redefinido, reedificado, porque él era así: no le interesaba el
pasado… No se encantaba con su propia obra pasada ni con la arquitectura que ya
había sido narrada Iba hacia adelante, estaba en lo que había por decir…
Al cabo de un tiempo me hizo dos regalos. Uno, fue el mapa. Un mapa de la
ciudad trazado en el cuadrante inferior derecho de una cartulina negra y que
ocupaba la misma proporción que el Río de La Plata, en el cuadrante superior
izquierdo. El mapa era dorado; la ciudad iluminada en la noche. El río, gris.
El otro regalo fue mucho más grande: el contacto con Alberto Sbarra. Mientras
Krause me pateaba, con mucha clase y calidez, el mapa para algún rato libre,
Alberto –con su infinita paciencia- me recibía en su estudio; me preguntaba
sobre el libro; me contaba otras cosas de La Plata, sobre su hermano músico y
su tío fundador del Hospital de Niños que llevaba a los chicos a pasear en
tranvía… Y, mientras los meses pasaban y el libro se iba armando, se convertía
en la persona con la que tenía más ganas de hacer cosas: charlas, libros,
revistas, conferencias. Cuando terminamos el libro y el mapa, una tarde llamé a
Alberto y le dije: Me quiero ir a trabajar con vos. Pensá en qué.
Estaba en la playa un día de enero cuando me llamó para decirme que
habían ganado las elecciones en el Colegio de Arquitectos y que fuera nomás....
Y ahí empezó otra parte de la historia que ahora no viene a cuento, porque
estábamos hablando de Krause… O quizás de arquitectura… O quizás de creadores…
De formas de mirar y de modos de viajar al interior de uno mismo; de maestros
que nos ayudan a pensar, a percibir, a superar los límites y convertirlos en
elementos plásticos. A leer la realidad desde una mirada personal.
Y pienso en estas cosas ahora, 3 de mayo de 2017, en el día de la Corte 2 x 1. El día de la Corte
Suprema de Justicia reduciendo penas para los crímenes de lesa humanidad y
comunicándolo con la misma liviandad que si te tiraran un flyer promocional de
happy hour… Un día en el que nos hiela la sangre el país, tanto sarcasmo… Y se
me ocurre, sólo por un momento, salir de esa pregunta personal y hacer esa
pregunta colectiva…pensar en quiénes somos los argentinos… que a punta de una
cal y una de arena llegamos siempre e estar igual, quejándonos de lo mismo en
el mismo sitio por el que ya pasamos y si eso no es impunidad y falta de
construcción que alguien me diga qué es vivir saboteando el lugar donde crear
que no es ni más ni menos que el lugar habitable; rompiendo los límites, en el
peor sentido. Ese es nuestro lado oscuro. Y si tuviera que pensar ahora en un
final mejor… al menos para este texto, en la otra cara de la moneda y buscar el
lado luminoso de lo mismo diría que tal vez sea la misteriosa capacidad de
sobrevivirnos a nosotros mismos.
(1). arquitectura orgánica Filosofía arquitectónica caracterizada por la funcionalidad y la búsqueda de armonía e integración del edificio en su entorno natural. "la arquitectura orgánica surgió en el norte de Europa a principios del siglo XX"
(1). arquitectura orgánica Filosofía arquitectónica caracterizada por la funcionalidad y la búsqueda de armonía e integración del edificio en su entorno natural. "la arquitectura orgánica surgió en el norte de Europa a principios del siglo XX"


Esperando el día siguiente!
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