Issey Miyake y su origami
Creo que siempre, en los días de luna llena,
voy a escribir sobre ella.
No sé mirar de otra forma cuando está.
No sé no dejarme incidir,
no pensar en la luz y en el agua
en la temperatura y en la redondez,
en la plenitud de un ciclo,
El fin. Y el recomienzo.
En la distante consistencia…
de los aprendizajes silenciosos
signados por la naturaleza
y la posterior claridad
Es una íntima convicción:
que la conexión es
la combinación de todas las sutilezas y las fuerzas
hasta que lo perfecto existe
Y hay hechos humanos perfectos;
Tanto, que parecen naturales.
Redondos.
Como surgidos en su expresión para hablar de su esencia
Canciones, perfumes, entendimientos y roces
Cuadros
Palabras
Silencios
Oraciones
Telas, zapatos, tejidos, edificios, tenedores
Balcones a la luz,
Encuadres para el verde
Sonrisas
Miradas
Panes
Poesías
Bailes
Caminatas
Caminos abiertos en la maleza
Puertos
Balnearios
Restoranes
Vinos
Lámparas
Libros para niños
Amores
Y la luna brilla allá,
testigo de todo esto
reflejándonos
reflejando que a veces
somos
nosotros
quienes despreciamos lo que hacemos
O pasamos sin verlo…
inadvirtiéndonos
tanto ruido y falsa luminosidad
tanto miedo a la oscuridad
al sabio, al dios, al niño,
al poder que llevamos dentro
al poder que llevamos dentro
tantas palabras dichas que nos cuesta desandar
aunque ya no digan nada
aunque ya no digan nada
tantas escisiones y roturas
Suelo sugerirme esa distancia clarificadora
Para ver la obra tal como es: entera.
La luna llena me reencuentra con todo…
la luz verdadera que guía
el paso suave sobre la hojarasca
la tierra firme debajo
el amor que da un paso por vez.

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