viernes, 9 de junio de 2017

luna. llena. (de junio)

                                                                                                     Issey Miyake y su origami

Creo que siempre, en los días de luna llena,
voy a escribir sobre ella.
No sé mirar de otra forma cuando está.

No sé no dejarme incidir,
no pensar en la luz y en el agua
en la temperatura y en la redondez,
en la plenitud de un ciclo,
El fin. Y el recomienzo.

En la distante consistencia…
de los aprendizajes silenciosos
signados por la naturaleza
y la posterior claridad

Es una íntima convicción:
que la conexión es
la combinación de todas las sutilezas y las fuerzas
hasta que lo perfecto existe

Y hay hechos humanos perfectos;
Tanto, que parecen naturales.
Redondos.
Como surgidos en su expresión para hablar de su esencia

Canciones, perfumes, entendimientos y roces
Cuadros
Palabras
Silencios
Oraciones

Telas, zapatos, tejidos, edificios, tenedores
Balcones a la luz,
Encuadres para el verde
Sonrisas
Miradas

Panes
Poesías
Bailes
Caminatas

Caminos abiertos en la maleza
Puertos
Balnearios
Restoranes

Vinos
Lámparas
Libros para niños
Amores

Y la luna brilla allá,
testigo de todo esto
reflejándonos
reflejando que a veces
somos
nosotros
quienes despreciamos lo que hacemos
O pasamos sin verlo…
inadvirtiéndonos
tanto ruido y falsa luminosidad
tanto miedo a la oscuridad 
al sabio, al dios, al niño,
al poder que llevamos dentro
tantas palabras dichas que nos cuesta desandar
aunque ya no digan nada
tantas escisiones y roturas

Suelo sugerirme esa distancia clarificadora
Para ver la obra tal como es: entera.
La luna llena me reencuentra con todo…
la luz verdadera que guía
el paso suave sobre la hojarasca
la tierra firme debajo
el amor que da un paso por vez.

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