Me quedan más resabios de vos en un sueño
y aparecés otra vez en el día
Tus fotos, tus ideas no concretadas, tus periplos
me han llenado la mañana
Tus miedos, tu reflexión, tus ensayos
me han llenado de ternura y paz
Trato de atravesar las máscaras
y la distancia que tenemos cada uno de nosotros
hasta de nosotros mismos
hasta de nosotros mismos
De suspender todo lo que vino después
para llegar al día en que me enamoré de vos
La pelota picó en el metegol
y voló por encima de la cancha
picó en mi dedo,
rodó al piso
se escabulló por algún sitio...
Y mientras los demás buscaban
y yo lloraba y apretaba mi dedo
vos viniste a mí.
Te paraste muy cerca, me miraste a los ojos,
abriste mi mano que estaba cerrada
porque querías ver si sangraba
porque querías ver si sangraba
y la sostuviste en la tuya.
Entonces el dolor pasó.
Luego volviste al juego,
ajeno a la belleza que me habías dejado
ajeno a la belleza que me habías dejado
Y pasaron los años,
las ciudades
las historias
y yo guardé para siempre este secreto
que ahora, treinta años más tarde,
no me animo tampoco a contarte.
Te abrazo y vos a mí
porque nos separan las obligaciones
Cruzo la calle de la vieja esquina a la del restorán de
madera oscura y manteles blancos
La ínfima lluvia del otoño vaporiza el día gris.
Tengo perlas en el pelo ondulado,
la estela de una sonrisa al costado de los ojos
y el rouge gastado en el espejo del auto
Respiro hondo y me veo…
El otoño avanza ahora en la misma ciudad para los dos.
Dicen que es la estación en que se pierde el ropaje
y quedamos desnudos.
Sé que me quedan algunas hojas por tirar todavía
y sigo el camino de vuelta hacia mi centro
mientras llega el momento de encontrarte otra vez
y yo respiro feliz el presente tal como es
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