domingo, 14 de mayo de 2017

Una experiencia de vuelo


En el final de un mundo
                                       hay otro…
donde la oscuridad tiene cierta redondez.
La luz tiene un estado mágico
El espacio, una dimensión acústica y sensorial
La verdad, fugaces, sutiles apariciones.

Es casi lo mismo que se abra o se cierre el telón; una breve interrupción mientras se acomodan objetos…

Ahora, las cosas hacen lo que quieren… la tragedia tiene música y danza; el relato, un final feliz. 
Y no es necesario pensar en el hábitat. Too está suelo en la nada y el todo es, apenas, un juego de relativa asociación; un artificio de unión, un guiño cómplice.
El temor desaparece absorbido por ese fondo espeso, contundente, obvio y suave. El miedo a la oscuridad, a la inmensidad del mar, es tan evidente… que desaparece.

El agua es un cordón; un bote amarillo flúo por encima del cordón, la posibilidad de navegar… la supervivencia. Debajo, el mundo subacuático de cardúmenes, hipocampos y pulpos nadan una felicidad distinta y más graciosa que la de aquel que trabaja sobre estos, remándola metro a metro, tramo a tramo y cree que maneja el mundo en el dominio de esos remos.

Soy un poco lo que veo delante de mí;
no el de la voluntad de conquista… sino más bien… un pez. 
O una bailarina encantada con las luces y sonidos y los peces de colores en los pies, 
a quien no le importan ni Fausto ni el diablo; 
ni el alma, ni la psicología, ni la política, ni la historia.

Nado o bailo
sobre la oscuridad insondable y aterciopelada del mundo,
en una cajita de madera que se cierra con un telón.

En el intervalo prenden la luz y reaparecen: el palco, las butacas de cuero marrón; los parlantes y las gigantes dimensiones de una plática dorada y contemporánea. Algunos tosen o salen al baño. Alguien cruza un pasillo. Alguien vende caramelos. Juan me devuelve a este mundo con su pregunta: “¿ahora va a tocar Pedro Aznar?”, recordando que a este teatro ha venido; que ya lo conoce, que lo reconoce y es el mismo en el que, en enero, tocó Pedro Aznar.

Y yo creo que no…. Que cada evento, que cada momento, rehacen al teatro. 
Aunque no parezca. Y al rato vuelve a apagarse la luz.


Teatro Negro de Praga, Las aventuras de Fausto. Teatro Radio City. Domingo 13 de mayo, 18 hs.

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