En el final de un mundo
hay otro…
donde la oscuridad tiene cierta redondez.
La luz tiene un estado mágico
El espacio, una dimensión acústica y sensorial
La verdad, fugaces, sutiles apariciones.
Es casi lo mismo que se abra o se cierre el telón; una breve interrupción mientras se acomodan objetos…
Ahora, las cosas hacen lo que quieren… la tragedia tiene música y danza; el relato, un final feliz.
Y no es necesario pensar en el hábitat. Too
está suelo en la nada y el todo es, apenas, un juego de relativa asociación; un
artificio de unión, un guiño cómplice.
El temor desaparece absorbido por ese fondo espeso, contundente, obvio y
suave. El miedo a la oscuridad, a la inmensidad del mar, es tan evidente… que desaparece.
El
agua es un cordón; un bote amarillo flúo por encima del cordón, la posibilidad
de navegar… la supervivencia. Debajo, el mundo subacuático de cardúmenes, hipocampos y pulpos nadan una
felicidad distinta y más graciosa que la de aquel que trabaja sobre estos,
remándola metro a metro, tramo a tramo y cree que maneja el mundo en el dominio
de esos remos.
Soy un poco lo que veo delante de mí;
no el de la voluntad de conquista… sino más bien… un pez.
O una
bailarina encantada con las luces y sonidos y los peces de colores en los pies,
a
quien no le importan ni Fausto ni el diablo;
ni el alma, ni la psicología, ni
la política, ni la historia.
Nado o bailo
sobre la oscuridad insondable y aterciopelada del mundo,
en una cajita de madera que se cierra con un telón.
En el intervalo prenden la luz y reaparecen: el palco, las butacas de
cuero marrón; los parlantes y las gigantes dimensiones de una plática dorada y
contemporánea. Algunos tosen o salen al baño. Alguien cruza un pasillo. Alguien
vende caramelos. Juan me devuelve a este mundo con su pregunta: “¿ahora va a tocar Pedro
Aznar?”, recordando que a este teatro ha venido; que ya lo conoce, que lo
reconoce y es el mismo en el que, en enero, tocó Pedro Aznar.
Y yo creo que no…. Que cada evento, que cada momento, rehacen al teatro.
Aunque no parezca. Y al rato vuelve a apagarse la luz.
Teatro Negro de Praga, Las
aventuras de Fausto. Teatro Radio City. Domingo 13 de mayo, 18 hs.

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