domingo, 21 de mayo de 2017

Ensalada rusa a la italiana


Hoy abro el facebook y veo esta noticia posteada por la esposa de Massimo Bottura:
Yo sé que en este país que no tiene temple, esto puede confundirse con las subastas benéficas de Susanita; y que yo aclare lo que voy a aclarar ahora, con aquella nota en la revista Barcelona que era una supuesta entrevista que le hacían a EQPLVEN -El Que Prendió La Bengala En Cromagnon- en la que el tipo se defendía diciendo que él no era un violento; que el violento era el sistema y él era sólo un emergente social… y pienso que, decir esto acá, en este lugar del mundo aparentemente siempre amenazado con caer por el precipicio, donde cualquier enunciado es entendido o como un cinismo o como un chiste –porque en esas bipolaridades vivimos- queda mal e incluso puedo quedarme corta con esas dos referencias… pero a mí me gusta esta creación de Massimo Bottura y me da ganas de compartirla.
Y que si bien por un lado tengo ese pensamiento: ¿es necesario llegar a esto? Que los supermercados donen sus desperdicios para los pobres como si el mundo Susanita hubiera cobrado vida y encima nos ponemos contentos… él es el mejor chef del mundo; es un incansable, un entusiasta y un tipo vive como un niño, con esa falta de pereza y esa curiosidad; que sale a jugar, a empatizar con el mundo al que lleva su talento y entonces no pienso mal de esta empresa de remo a contracorriente, a pesar de ciertos detalles como la donación de Rockefeller.
El mundo (pensado desde el poder) es lo que es: esa porquería clasista, mercantilizada; rehén del fast fashion, malversador de la naturaleza y garante de la pobreza. Pero en este mundo de mierda todos nos levantamos con las mismas tapas de los diarios… y hay gente que le sacude las migas a los policiales y dá vuelta la página y sigue leyendo mientras embucha la segunda tostada… Entonces, que en este mundo, haya un tipo sensible como Massimo Bottura, con el talento disciplinar que tiene en gastronomía; con la poca necesidad de meterse en más problemas y con tanta alegría y polenta haga esto: elija abrir –en todos los lugares posibles- estos reffetorios, a mí me parece una buena noticia. Una forma de exhibir que es imposible la pobreza si quisiéramos. O, mejor dicho: que podríamos vivir mejor, más en paz, más organizadamente, si pensáramos con empatía y energía creadora. Estamos a cien años de la revolución rusa y su lema: paz, pan y poder al pueblo. Y yo creo más en esta clase de revoluciones que en las otras, las políticas y militares. Creo en la revolución de la conciencia, de la sociedad, del arte, de la creación, del entendimiento. 

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