Hoy abro el facebook y veo esta noticia posteada por la esposa de Massimo
Bottura:
Yo sé que en este país que no tiene temple, esto puede confundirse con
las subastas benéficas de Susanita; y que yo aclare lo que voy a aclarar ahora,
con aquella nota en la revista Barcelona que era una supuesta entrevista que le
hacían a EQPLVEN -El Que Prendió La Bengala En Cromagnon- en la que el tipo se
defendía diciendo que él no era un violento; que el violento era el sistema y
él era sólo un emergente social… y pienso que, decir esto acá, en este lugar del mundo aparentemente siempre amenazado con caer por el precipicio, donde cualquier enunciado es entendido o como un cinismo o como un chiste –porque en esas bipolaridades vivimos- queda mal e incluso puedo
quedarme corta con esas dos referencias… pero a mí me gusta esta creación de Massimo Bottura y
me da ganas de compartirla.
Y que si bien por un lado tengo ese pensamiento: ¿es necesario llegar a
esto? Que los supermercados donen sus desperdicios para los pobres como si el
mundo Susanita hubiera cobrado vida y encima nos ponemos contentos… él es el mejor
chef del mundo; es un incansable, un entusiasta y un tipo vive como un
niño, con esa falta de pereza y esa curiosidad; que sale a jugar, a empatizar con el mundo al que lleva su talento y entonces no pienso mal de esta empresa de remo a
contracorriente, a pesar de ciertos detalles como la donación de Rockefeller.
El mundo (pensado desde el poder) es lo que es: esa porquería clasista,
mercantilizada; rehén del fast fashion, malversador de la naturaleza y garante
de la pobreza. Pero en este mundo de mierda todos nos levantamos con las mismas
tapas de los diarios… y hay gente que le sacude las migas a los policiales y dá
vuelta la página y sigue leyendo mientras embucha la segunda tostada… Entonces,
que en este mundo, haya un tipo sensible como Massimo Bottura, con el talento
disciplinar que tiene en gastronomía; con la poca necesidad de meterse en más
problemas y con tanta alegría y polenta haga esto: elija abrir –en todos los
lugares posibles- estos reffetorios, a mí me parece una buena noticia. Una
forma de exhibir que es imposible la pobreza si quisiéramos. O, mejor dicho:
que podríamos vivir mejor, más en paz, más organizadamente, si pensáramos con empatía y energía creadora. Estamos a cien años de la revolución rusa y su lema: paz, pan y poder al pueblo. Y yo creo más en esta clase de revoluciones que en las otras, las políticas y militares. Creo en la revolución de la conciencia, de la sociedad, del arte, de la creación, del entendimiento. 
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