viernes, 26 de mayo de 2017

El quiebre


Punto número uno: voy a decepcionar a los lectores de este blog, aunque ya creo haberlo hecho. No voy a cumplir con la promesa de escribir todos-todos los días porque no quiero. Porque no soy César Aira; porque no me gusta cumplir cuando no siento las cosas y porque puede ser que en el momento en que haya promulgado esa promesa no estuviera en el mismo estadio de conciencia que en el que estoy ahora… Y al cabo de veintipico de días ya estoy notando que no tiene sentido el propósito original; lo que no quiere decir que no haya aquí ningún propósito o sentido; sencillamente estoy diciendo que ya no estoy de acuerdo con esa idea.
Yo no creo que sea bueno escribir todos los días. Ni creo que sea bueno trabajar todos los días ni creo que nada sea tan bueno como para hacerlo todos los días salvo aquellas acciones tendientes a satisfacer ciertas necesidades básicas: dormir, tomar agua, bañarse, comer, etc. Aunque también creo que sería bueno todos los días amar y sonreír. Agradecer y respirar conscientemente. Decaparse un poco el ego; saludar a alguien y charlar tres minutos, leer o dejarse levemente influenciar por algo lindo o constructivo.
Yo no soy de la gente a la que le sale obligarse a cosas porque más temprano que tarde no me funciona. No me funciono a mí misma.
No creo que sea bueno escribir todos los días porque no creo que todos los días uno tenga algo que decir. Aunque sí es verdad que por deformación de la civilización casi todos los días nos vemos obligados a hablar como si por eso estuviéramos comunicándonos.
Yo creo que es un problema que los diarios salgan todos los días. Que tengan que salir sí o sí, porque parecería –a quién le parecería no sé, pero el imaginario colectivo ya absorbió, entre tantas cosas que no le hacen bien, la idea de que los periódicos salgan diariamente- que es bochornoso que el periodismo no tenga nada para decir. Y, sin embargo, yo lo encuentro tan saludable… que se callen un poco… La libertad de expresión está sobrevalorada sobre todo cuando está entendida como está entendida y manipulada por el poder como está manipulada.
Yo prefiero hablar cuando tengo algo para decir y no por ejemplo ahora que, sencillamente, sólo estoy dando explicaciones que nadie me pidió pero que, de todos modos, me parecen más dignas que salir a narrar textos hiperrealistas; contar historias para llenar el lugar o ficcionalizar mi vida.
Leo a Karl Ove Knousgard –de ahora en adelante KON- y me pregunto: ¿qué sentido tendrá que cuente el atuendo de dos pibes que se encuentra en el aeropuerto y con los que no habla ni se relaciona mientras espera abordar el avión que lo llevará a encontrarse con su hermano para ir al entierro de su padre cuando esos dos jóvenes no vienen a cuento de nada?
La mayoría de las veces siento que a la mayoría de las novelas/ ensayos/poesías/manuales les sobran muchas páginas…. Y no es joda: son árboles que caen. Y no solamente árboles que caen sino también palabras, pensamiento, metáforas e imágenes que embarullan la claridad de la conciencia.
¿Por qué no ser más austeros; más medidos; menos realistas y menos escatológicos? No necesitamos saber cómo van al baño todos los escritores del planeta Tierra porque además es muy probable que no sean allí demasiado creativos… Creo que estoy librando internamente algunas cruzadas.
La primera es contra los detalles sobreentendidos como acercamiento con el lector. No tengo muy muy en claro porqué este disgusto con ellos, pero tengo algunas sospechas: a) porque no me interesa estar taaaaannn cerca con “el lector” cuando, la mayoría de las veces, no tengo ni idea de quién es. b) porque en la relación con la gente la distancia me parece un punto muy importante: es aire, es perspectiva; no es poca cosa. c) porque creo que en este mundo de la sobreabundancia: de álbumes de millones de fotos; del fast food; fast fashion; la falta de límites entre el territorios de lo público y lo privado; la relación metonímica que nos hace pensar que el ego de la persona o la carrera de la persona es la persona, cuanto menos sobrecarguemos el mundo, mejor.
La segunda es que me alcanza suficiente con respirar el mismo aire que tantos extraños; que tener, como los otros, las mismas inscripciones: el DNI, la ley, la fe occidental, las tapas de los diarios, las planillas de AFIP. Me alcanza vivir al mismo tiempo (aunque no siempre al mismo ritmo). Me alcanza y me sobra con eso.
La tercera es que… me gusta leer a KON, ¿no? Me gusta y me gustan sus detalles como también me gusta leer a Saer, aunque preferiría que muchos otros escritores no me entraran en tantos detalles… Pero, yo digo: ¿es necesario que me ponga a contarles mi día tras día? ¿Los detalles y la crónica diaria es el concepto que tenemos de intimidad? ¿Es necesaria tanta intimidad mal entendida? ¿Para qué? Pienso en KON y pienso en su mujer, en sus hijos… Siento que hay zonas de nuestra existencia que es miserable exponer a la luz de todos. Y no porque sean miserables. Capaz, sean maravillosos… Pero no me gustan ese tipo de escritores que ponen como bien supremo su obra, cagándose en su vida y la de todos los demás que la sostienen… Sin pensar cuánto pesan las palabras dichas y cuánto mejor es a veces parar de hablar y sencillamente mirar. Aunque de esa mirada no queden rastros. El ego que pretende trascender a la persona y llevarla a otro tiempo; el ego que deja las costas a los hijos… el ego por la falta de amor propio… eso es de lo que desconfío. Del ego. Y de una época de tanta narración sobre todo y de tanto metalenguajes. “Cada cosa debe mantenerse en su propia esencia” había dicho Leonardo Da Vinci. Y San Martín lo dijo así: “serás lo que debas ser o no serás nada”. Ser. Es un poco eso de lo que estoy hablando, lo que estoy buscando, lo que me interesa. Y de lo que me interesa hablar con alguien.
Y si deseo hablar desde ahí cuento más de mí y más de hoy si escribo esta idea: faltan espacios. Para pensar, para dudar, para meditar, para desear encontrar, para inventar, para imaginar, para crear.
Conformensé: no voy a desnudarme en pleno invierno.


No hay comentarios:

Publicar un comentario