miércoles, 6 de diciembre de 2017

Viaje al ascendente


Voy a buscar la música para el viaje hasta la disolución del mundo…
Un viaje para bordear la Tierra y consultar
qué tanta importancia tenga la ley de gravedad; 
la ley y la gravedad.
Una canción, que guarde impresa la voz del cielo,
cuando el centro de gravitación tiembla...
Que acalle el frenético ritmo de lo mundano y active el corazón,
la restitución del todo, más que todos y que esto.

Soltar la presión.
Restablecer la conexión.
Con astros y ancestros.

Viajar a la fuente del saber
beber pulso y materia,
volver a sentir la calma.

Un sitio donde no haya atropello ni nada contra qué chocar.
donde el propio colapso no sea… un fin para entender algo del otro.
Ni la profundidad sea una intención.
Ni la autoafirmación, ni el equilibrio, ni el orden.

El viaje como forma distante de saber del camino.
Y ver -sin el barullo de hacer- el salto evolutivo,
allí donde el dibujo de las mareas contrariadas
sea una emoción o una música.

Salir y no mirar más las estrellas ni desde allí.
Ser las estrellas: brújulas sabias, luminosas,
aparentemente quietas ante el resto de las cosas
haya o no haya oscurecido.

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