"-¿Por qué Argentina? ¿El título de lo que hoy es Mi lucha iba a ser Argentina?
-Por el mundial del 78. Fue el primer mundial que vi y seguí con atención y plena conciencia. Obviamente no sabía nada de política, tenía nueve años, pero me fascinaba el espectáculo que transmitía la televisión. Los estadios, los papelitos, Kempes, Ardiles. Por esos años en Noruega sólo veíamos fútbol inglés, todos los sábados, de modo que ver el espectáculo de colores de todos esos equipos fue una novedad para mí. Todos mis amigos lo veían religiosamente y hablábamos de eso y queríamos ser los jugadores. Ahí empezó mi amor por la Argentina. Y luego empecé a leer autores argentinos. Borges y Cortázar son dos de mis más grandes héroes literarios. Hace poco tuve que elegir un cuento para leer en público y elegí uno de Cortázar. (...) Nunca fui a la Argentina y la verdad es que no sé mucho sobre el país, pero es como un sueño para mí, o más bien un lugar que no existe sino en los sueños. Por eso quería ponerle Argentina al libro, porque es un libro sobre anhelos que nunca se concretaron, y la Argentina es uno de ellos. Pero, claro, no era un buen título".
Otro fragmento que extracté de la misma entrevista decía: "El proyecto en el que estoy trabajando ahora consiste en escribir cada
día sobre una cosa concreta, ya sea un objeto o una palabra. Puede ser un vaso
o un par de anteojos, lo que sea. Lo que busco es ejercitar una máxima
concentración y destilar todo lo que salga de eso".
Yo leí esta entrevista a Karl Ove Knausgard cuando salió publicada en adn, hace un poco menos de dos años. Fue doblemente inspiradora para mí: por un lado, me llevó corriendo a la librería a comprar su primer libro del sexteto Mi Lucha y a leerlo. Pero además, me despertó una idea que desde entonces he tenido sólo de a ratos presente y sin desplegar: la de intentar escribir todos los días sobre algo en concreto, no importa de qué...
En
aquel momento también me quedé pensando cómo será tener la suerte de pensar a
la Argentina como un sueño, una utopía o un lugar ideal… Tal vez sea lo mismo
que a mí me ocurre al pensar en Noruega. Salvo por los suicidios y el alcohol,
un país perfecto: con bosques nevados, verdes intensos, al borde del mar. Un
país con arquitectura y muebles orgánicos, maderas claras, educación libre y
donde el machismo y el trajín polucionado de todos los días no existe; donde
los taxistas no se pasan de vivos; la gente no arregla dineros por debajo de la
mesa y la gente no grita en la calle.
Y
lo cierto es para mí la Argentina. Un país real donde a veces no sabemos qué
estamos haciendo; donde habitualmente se sufre como en la cancha de racing y se
ríe con raíces italianas. Un país que tiene el mayor índice de psicólogos por
habitante y donde Borges, Cortázar, Maradona, Messi, el Papa, el Ché, Evita,
Perón forman parte del equipo de exportación o la legión extranjera. El padre
de mi hijo, que ha vivido por muchos países del mundo, me dijo un día:
"buscá otro lugar de donde salga un líder revolucionario que independiza
una isla como Cuba de la dominación estadounidense y corta los lazos con el
mundo y luego va a otra tipo, en la investidura papal, a trabajar para su
reintegración al mundo…: no hay. Argentina es un país de dementes, por eso se
juega bien al fútbol y se hace política en todos los estratos". Entre otras
cosas, en esa creo que tiene razón.
Así
se me ocurrió esta idea de un libro con la que conviví en silencio durante un año hasta
hoy. "Argentina:
el libro de todos los días"... El desafío de escribir un texto por día durante un año, tratando, de a ratos, de contar qué es la Argentina. Y, como la Argentina misma, yo no puedo garantizar que esto vaya a ser viable. Mejor prevenir que curar; que para garantía están los suizos.
Porque además de cierta condición perezosa, talentosa, inesperada e inconstante, tantas cosas son la Argentina.... Una novela de Martín Kohan, Segundos afuera, por ejemplo, que narra la pelea más inverosímil de la historia mundial del boxeo: aquella en la que el Toro Salvaje de las Pampas -Miguel Angel Firpo- le gana al campeón estadounidense Jack Dempsey la pelea a los 7 segundos del primer round y por KO y, sin embargo, el tiempo es mal contado y el estadounidense knockeado vuelve empujado al ring y, finalmente, el que pierde es Firpo y la Argentina es una especie de detective de policial negro: aquella que tiene la verdad que nadie quiere ni está dispuesto a escuchar; la metáfora del derrotado injustamente a los 14 días del mes de septiembre de 1923. Y es Calamaro: "Me parece que soy de la quinta que vio el mundial `78. Me tocó crecer viendo a mi alrededor paranoia y dolor". Y es el religioso asado, la carne irrestricta, teniendo casi la misma plataforma de mar que de tierra pero esa otra, la que nos podría llevar a algún mejor puerto es la superficie inexplorada...
Y yo no sé... si realmente estas cosas sean la Argentina, pero lo que sí sé es que es, al menos, el prólogo de un libro que acaba de comenzar; la invitación a una aventura.
Porque además de cierta condición perezosa, talentosa, inesperada e inconstante, tantas cosas son la Argentina.... Una novela de Martín Kohan, Segundos afuera, por ejemplo, que narra la pelea más inverosímil de la historia mundial del boxeo: aquella en la que el Toro Salvaje de las Pampas -Miguel Angel Firpo- le gana al campeón estadounidense Jack Dempsey la pelea a los 7 segundos del primer round y por KO y, sin embargo, el tiempo es mal contado y el estadounidense knockeado vuelve empujado al ring y, finalmente, el que pierde es Firpo y la Argentina es una especie de detective de policial negro: aquella que tiene la verdad que nadie quiere ni está dispuesto a escuchar; la metáfora del derrotado injustamente a los 14 días del mes de septiembre de 1923. Y es Calamaro: "Me parece que soy de la quinta que vio el mundial `78. Me tocó crecer viendo a mi alrededor paranoia y dolor". Y es el religioso asado, la carne irrestricta, teniendo casi la misma plataforma de mar que de tierra pero esa otra, la que nos podría llevar a algún mejor puerto es la superficie inexplorada...
Y yo no sé... si realmente estas cosas sean la Argentina, pero lo que sí sé es que es, al menos, el prólogo de un libro que acaba de comenzar; la invitación a una aventura.

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