Voy a buscar la música para el
viaje hasta la disolución del mundo…
Un viaje para bordear la Tierra y
consultar
qué tanta importancia tenga la ley de gravedad;
la ley y la
gravedad.
Una canción, que guarde impresa la
voz del cielo,
cuando el centro de gravitación
tiembla...
Que acalle el frenético ritmo de lo
mundano y active el corazón,
la restitución del todo, más que todos y que esto.
Soltar la presión.
Restablecer la conexión.
Con astros y ancestros.
Viajar a la fuente del saber
beber pulso y materia,
volver a sentir la calma.
Un sitio donde no haya atropello ni
nada contra qué chocar.
donde el propio colapso no sea… un
fin para entender algo del otro.
Ni la profundidad sea una
intención.
Ni la autoafirmación, ni el equilibrio,
ni el orden.
El viaje como forma distante de
saber del camino.
Y ver -sin el barullo de hacer- el
salto evolutivo,
allí donde el dibujo de las mareas
contrariadas
sea una emoción o una música.
Salir y no mirar más las estrellas
ni desde allí.
Ser las estrellas: brújulas sabias,
luminosas,
aparentemente quietas ante el resto
de las cosas
haya o no haya oscurecido.